Lo fermental en la construcción de la memoria: Hacia una desfatalización a través de la reflexión filosófica

The fermentative in the construction of memory: Towards a defatalization through philosophical reflection

 O fermentativo na construção da memória: Rumo a uma desfatalização pela reflexão filosófica    

 

Silvana María Rasedo Bettiato

Consejo de Formación en Educación (CFE), Salto, Uruguay.

sil.rasedo22@gmail.com

 

Recebido em 01 de agosto de 2025

Aprovado em 10 de outubro de 2025

Publicado em 11 de março de 2026

 

RESUMEN

La construcción de la memoria, tal como se manifiesta en el entrecruzamiento del Estado, la sociedad civil y los espacios educativos, representa un nodo sensible de tensión y disputa en el contexto latinoamericano posdictatorial. Este artículo propone pensarla desde la noción de “acción fermental”, concebida como eje. Este enfoque busca desfatalizar los hechos históricos a través del diálogo filosófico, promover la reparación mediante narrativas y oralidades comunitarias, y concebir la memoria como una praxis de resistencia. Se explorará cómo la verdad, reconocida colectivamente, es fundamental para la reparación de quienes sufrieron el conflicto cívico-militar. El documento también examina la contra-memoria, sus posibilidades de inscripción y los riesgos asociados, como la impunidad estatal que perpetúa el olvido y protege el statu quo. Finalmente, se subraya el carácter reivindicativo de los pilares “memoria, verdad, justicia y nunca más terrorismo de Estado”, analizando las posturas de diversas organizaciones latinoamericanas, con un autoexamen sobre nuestro posicionamiento en el contexto de la pandemia y pospandemia.

Palabras claves: Fermental, Desfatalizar los Hechos, Memoria/Contra-memoria, Olvido y Huellas/Raíces.

 

ABSTRACT

The construction of memory, as manifested in the intersection of the state, civil society, and educational spaces, represents a sensitive node of tension and dispute in the post-dictatorial Latin American context. This article proposes to consider it from the notion of "fermentative action," conceived as its axis. This approach seeks to de-fatalize historical facts through philosophical dialogue, promote reparation through community narratives and oral traditions, and conceive memory as a praxis of resistance. It will explore how the truth, collectively recognized, is fundamental to the reparation of those who suffered from the civil-military conflict. The article also examines counter-memory, its possibilities for inscription, and the associated risks, such as state impunity that perpetuates forgetting and protects the status quo. Finally, the vindictive nature of the pillars "memory, truth, justice and never again state terrorism" is highlighted, analyzing the positions of various Latin American organizations, with a self-examination of our positioning in the context of the pandemic and post-pandemic.

Keywords: Fermental, Desfatalizar os Fatos, Memória/Contramemória, Esquecimento e Vestígios/Raízes.

 

RESUMO

A construção da memória, manifestada na intersecção entre Estado, sociedade civil e espaços educacionais, representa um nó sensível de tensão e disputa no contexto latino-americano pós-ditatorial. Este artigo propõe considerá-la a partir da noção de "ação fermentativa", concebida como seu eixo. Essa abordagem busca desfatalizar fatos históricos por meio do diálogo filosófico, promover a reparação por meio de narrativas comunitárias e tradições orais e conceber a memória como uma práxis de resistência. Explorará como a verdade, reconhecida coletivamente, é fundamental para a reparação daqueles que sofreram com o conflito civil-militar. O artigo também examina a contramemória, suas possibilidades de inscrição e os riscos associados, como a impunidade estatal que perpetua o esquecimento e protege o status quo. Por fim, enfatiza-se a natureza de defesa dos pilares "memória, verdade, justiça e nunca mais terrorismo de Estado", analisando as posições de diversas organizações latino-americanas e realizando um autoexame de nossa posição no contexto da pandemia e pós-pandemia.

Palavras-chave: Ação Fermentativa, Fatos Desfatalizantes, Memória/Contramemória, Esquecimento e Vestígios/Raízes.

El carácter fermental en la construcción de la memoria

Iniciaremos explicando la pertinencia de abordar la memoria desde una perspectiva filosófica fermental[1]. Esta perspectiva no se limita a la comprensión racional de los hechos, sino que invita a una indagación filosófica capaz de abrir senderos hacia formas alternativas de construcción de memoria. La naturaleza fermental de la reflexión filosófica facilita una aproximación más abierta al problema de la memoria y el olvido. El olvido, en particular, revela su poder al dificultar la reconstrucción de historias de vida que dejaron una profunda huella en la existencia y la interacción humana. Sin desconocer las contribuciones fundamentales de la historia reciente y los organismos de derechos humanos, este trabajo se propone interrogar sus métodos desde una mirada filosófica alternativa para abordar las secuelas de la dictadura cívico-militar, optando por una perspectiva filosófica.

Se recurrirá a autores como Ricoeur, Vaz Ferreira, Aguirre y Galeano, entre otros pensadores latinoamericanos, para explorar cómo la reconstrucción de la memoria difiere en el continente americano respecto al europeo. Una dificultad señalada por algunos autores latinoamericanos es que, al legitimar un discurso eurocéntrico que sobredimensiona la razón y la palabra escrita, continuamos desconociendo y deslegitimando nuestras raíces identitarias.

Por ello, junto a la memoria dominante, que será siempre la versión oficial y justificadora de esos mismos vencedores, habrán de existir y de desarrollarse, permanentemente, múltiples contra-memorias alternativas que, expresando la visión de los vencidos y los derrotados dentro de las sucesivas batallas históricas, nos darán también tramas imprescindibles de esa memoria colectiva de los pueblos y de las naciones. (Aguirre, 2003: 17)

 

La reflexión filosófica crítica sobre temas ideológicos no resueltos busca analizar la construcción de la memoria en Latinoamérica, pero desde un ámbito externo al académico. Esto se debe a que los relatos oficiales legitiman la teoría de los dos demonios, que postula una guerra entre dos bandos. Así, se ha construido una historia validada con el beneplácito del Estado, aceptada e incorporada al complejo entramado de la memoria colectiva. Esta oficialización normaliza el relato y deja sin respuestas a una minoría de la sociedad civil, directamente afectada por la dictadura.

Aunque filosofía y crítica a menudo parecen sinónimos, no siempre existe una correspondencia directa entre ellas. No debe darse por sentada la relación entre pensar y pensar reflexivamente, o entre hacer crítica y sostenerla. Al observar la historia latinoamericana, notamos que fue instaurada por figuras con una actitud crítico-reflexiva. Sin embargo, la contradicción cultural greco-occidental, heredera de esa tradición de pensamiento, puede llevar a percibir un detrimento en su desarrollo.

Tomaremos como referencia el texto La memoria, la historia y el olvido (1999) de Paul Ricoeur. Esta obra europea servirá de base para abordar categorías teóricas como la memoria, la historia y el olvido, y establecer un posible puente entre las ideas del autor y la realidad latinoamericana. Nuestras raíces históricas, donde pasado, presente y futuro confluyen en un continente rico, hermoso y asediado por intereses mezquinos, revelan una historia contada mediante registros normalizados. Sin embargo, también coexisten otras narrativas que ofrecen una visión y comprensión distintas del mundo, como los sucesos ocurridos hace más de 50 años en la sociedad uruguaya y en países vecinos, con variaciones temporales según la nación.

Ricoeur (2007) argumenta que la pretensión de verdad de la memoria es válida tanto para la memoria individual como para la colectiva. En este sentido, el recuerdo posee un referente externo, y su fidelidad es la condición que permite reconocer lo evocado. Para el autor, la memoria constituye un "gran enigma" y un "pequeño milagro" (Ricoeur, 2007), caracterizado por múltiples atribuciones.

La memoria es una representación del pasado que se distingue por tres rasgos fundamentales: presencia, ausencia y anterioridad. Estos elementos son fenómenos de la narración que dan cuenta del tiempo humano. La narración, a su vez, se erige como "guardiana del tiempo", ya que, al reconfigurarse, el tiempo se vuelve accesible en su propia constitución.

Existen dos tipos esenciales de narración: la histórica y la ficción, que difieren en la manera en que el tiempo se manifiesta en cada una. La narrativa histórica reconfigura el tiempo a través de instrumentos del pensamiento como el calendario y la noción de generación.

La reconfiguración del tiempo mediante el calendario establece un puente entre el tiempo vivido y el tiempo cósmico, entrelazados por un tiempo intermedio. Mientras el primero se relaciona directamente con las representaciones históricas, el segundo se vincula con el universo o la naturaleza. El calendario traduce el tiempo en medidas y fechas, imponiendo una forma de organizar la vida colectiva que muchas veces no refleja la experiencia real de los pueblos. Esta medición es necesaria para representar la vida humana socialmente y para integrar las diversas formas culturales.

Desde la mirada de Ricoeur, el calendario funciona como mecanismo de mediación entre el tiempo vivido y el tiempo cósmico. En este texto, nos interesa ese puente como organizador simbólico de la memoria colectiva, más allá de su dimensión meramente cronológica, lo que garantiza su estabilidad al apoyarse en una visión lineal del tiempo. El calendario, por su carácter homogéneo, supone linealidad, permitiendo trazar y ubicar momentos específicos mediante la secuencialidad y repetición. El tiempo del calendario se fundamenta en el tiempo cósmico o natural al construirse sobre la idea de temporalidad secuencial y causal, mediante una sucesión ordenada de hechos. La linealidad y continuidad del tiempo se fundamentan en ideas como la “sucesión”, las “series”, el “orden” y la “relación entre eventos”. La noción de tiempo es indispensable para que la historia pueda estructurar, analizar y relatar acontecimientos, permitiendo discernir su recurrencia, periodicidad y regularidad.

Al describir los acontecimientos en relación con las nociones de tiempo, es crucial distinguir el tiempo en la ciencia histórica del tiempo en las ciencias naturales. La primera se centra en el comportamiento humano, mientras que la segunda se basa en el conocimiento lógico-matemático. Todo lo relacionado con el comportamiento humano es mucho más complejo, ya que siempre existe la posibilidad de que los eventos hubieran ocurrido de otra manera.

Para Ricoeur (2007), la noción de generación surge de la interacción de tres factores: un acontecimiento inicial, una referencia temporal para su trayectoria y un compendio de elementos que la definen. A partir de este último eje, todos los eventos y circunstancias deben ser interpretados.

La idea de generación, entendida como una forma en que la historia reordena su temporalidad, también se basa en una visión lineal del tiempo, aunque incorpora una complejidad mayor que la que ofrece el simple calendario como marco institucional. Una de las razones es que no se reduce a la mera sucesión de descendientes, ya que los ciclos biológicos no corresponden a los ciclos histórico-sociales. Según Ricoeur, y siguiendo a Dilthey, una generación es el espacio de intersección entre el tiempo medible (del calendario) y el tiempo vivido (de nuestra psique). El tiempo exterior transcurre con independencia del sujeto, y el tiempo interior no puede explicarse únicamente a partir de fenómenos psicológicos.

Al conceptualizar la idea de generación, Ricoeur distingue dos ámbitos:

a)    El biológico: que expresa la idea de sustitución de los vivos que ocupan el lugar de los muertos.

b)    El histórico-social: que significa un modo de estar en el mundo.

La complejidad de abordar el concepto de generación como fenómeno radica en su doble consideración: sucesión y pertenencia. La primera indica continuidad, descendencia y sustitución, uniéndose a nociones contemporáneas como "predecesores y sucesores". Esto implica que los contemporáneos que pertenecen a una "misma generación" experimentaron las mismas influencias, marcados por los mismos hechos y transformaciones. "Esta pertenencia forma un todo, en el que se combinan una experiencia y una orientación común" (Ricoeur, 2007: 793-794). Sin embargo, es necesario reconocer que no todos los contemporáneos están sujetos a las mismas influencias ni ejercen el mismo poder. Esta idea explica por qué pocas personas de la misma edad pueden corresponder a una "misma generación", mientras que sujetos de diversas edades pueden compartir ideales comunes. El historiador del arte Pinter propone el concepto de "no-simultaneidad de lo simultáneo" (En Ricoeur, 2007: 795).

El reconocimiento del carácter no simultáneo de lo simultáneo visibiliza la imposibilidad de simplificar el fenómeno generacional a una noción lineal y homogénea del tiempo. Esto revela la complejidad intrínseca del tiempo histórico. Por lo tanto, la historia como ciencia siempre está condicionada a mostrar y establecer ordenadamente determinados sucesos. No obstante, esa sucesión de hechos, que parece lineal y ordenada, oculta un tiempo más profundo, anterior a toda cronología, que no se revela en fechas ni en secuencias, sino en la experiencia y el sentido que le damos a lo vivido. Este sentido, asociado al ámbito sensible del sujeto, permite dar significación a los fenómenos de la cotidianidad. Estos requieren que el tiempo sea explicable de forma simultánea (sincrónica) y no como algo que se desarrolla a lo largo del tiempo (diacrónica). Es desde este sentido que se manifiestan acontecimientos como "lo no simultáneo de lo simultáneo".

El concepto de "sucesión" como manifestación generacional evidencia la dificultad de la continuidad factible en la historia, un proceso crucial para muchos historiadores, ya que en ella se apoya la eventual unidad de la ciencia histórica. Ricoeur aborda este problema, a través de las ideas de Mannheim (1928), como un "encadenamiento" resultante del encuentro entre la transferencia de la experiencia y la apertura de nuevas oportunidades. Esto se manifiesta como:

...la llegada, incesante, de nuevos portadores de cultura, y la partida, continua, de otros portadores de cultura —dos rasgos que, considerados juntos, crean las condiciones de una compensación entre rejuvenecimiento y envejecimiento—; (...) la estratificación de dos grupos de edades en un mismo momento —la compensación entre rejuvenecimiento y envejecimiento se opera, en cada corte transversal realizado en la duración, gracias a la longevidad media de los vivos—. Un nuevo concepto, un concepto durativo de generación deriva de esta combinación entre sustitución (sucesiva) y estratificación (simultánea). (Paul Ricoeur, Tiempo y narración, III, op. Cit., p. 795)

A partir de estas nociones, recogidas de una narrativa eurocéntrica, se busca una narrativa más propia que se detenga en la cuestión anunciada como una "forma de estar y/o habitar en el mundo". Esto parte de la premisa de que la experiencia del sujeto en el mundo se concibe desde una comunidad, determinada por lo temporo-espacial (un momento y un lugar). Intentar establecer fronteras entre la memoria individual y la memoria colectiva es desconocer que cada recuerdo, cada experiencia, cada vivencia que constituye la memoria individual se comparte con otros que comparten un mismo momento histórico-social, componiendo así la "memoria colectiva". Esta es la que recompone el pasado, y cuyos recuerdos pasan a formar parte de la experiencia que una comunidad o un grupo puede transmitir a un sujeto o grupos de individuos.

La simultaneidad en nuestra conciencia posee dos corrientes distintas que construyen la contemporaneidad, trascendiendo el ámbito de las relaciones interpersonales directas (Ricoeur, 2003: 797). Recurrir al autor francés se justifica por su explicación del uso de los conceptos de calendario y generación, a los que añade los registros, los escritos y los memoriales. Estos se comprenden a través de una idea fundamental: la huella, cuyas raíces cobran significado en el escenario latinoamericano. Desde esta perspectiva, las huellas o raíces representan la condición de todas nuestras creaciones y prácticas históricas. Estas huellas, dejadas por nuestros antecesores, nos sitúan de manera extraña y fundamental para la naturaleza de la práctica histórica, ya que la historia misma admite la presencia de una ausencia. La huella se evidencia en dos sentidos de "pasado": como paso (la marca que queda al andar) y como la acción misma de transitar. La paradoja radica en la idea agustiniana de que el paso ya no es, pero la huella sí. Es decir, el "paso" se refiere al presente como tránsito activo y como transición pasiva, donde una vez consumado el paso, el pasado se sumerge, habiendo ya transitado.

Al reconocer esta paradoja, surge una pregunta esencial: ¿qué posibilita el lazo de presencia y ausencia, de pasado y presente, en un mismo fenómeno? Recurrimos a Heidegger, quien afirma que lo histórico, en cuanto pasado, se comprende siempre en una relación de eficacia (positiva o privativa) con respecto al "presente", en el sentido de lo que es real "ahora" y "hoy" (Heidegger, 2002: 395). Así, lo pasado concierne irrevocablemente al tiempo anterior; correspondió a los eventos de ese entonces y, a pesar de haber sucedido, aún puede estar presente, como los restos de templos aztecas e incas, o fotos, objetos, momias y fósiles. Con todos ellos, un fragmento del pasado sigue presente.

Desfatalizando la Memoria a través de la Reflexión Filosófica

Considerando la idea de analizar el pasado en relación con nuestro presente, no podemos ignorar los eventos ocurridos en América Latina, donde las dictaduras se instalaron por períodos de 12 años o más. A pesar de los procesos de recuperación democrática, legitimación de poderes y autonomía institucional, la sociedad internalizó el discurso oficial y hegemónico, olvidando acontecimientos que marcaron a toda una generación y determinaron el presente de sus contemporáneos.

Durante la pandemia, se hizo evidente cómo el discurso neoliberal, al priorizar libertades individuales sobre responsabilidades colectivas, socavó aún más el rol protector del Estado, especialmente en países como Uruguay, Brasil, Colombia y otros países de Latinoamérica. Esta situación se hizo innegablemente visible a través de máximas establecidas por referentes públicos sobre las libertades individuales. Los modelos neoliberales, que buscan el fortalecimiento de lo individual, siempre procuran eliminar las disidencias y excluir al otro, lo que los lleva a naturalizar la desmemoria y la deshistorización. Todo sistema capitalista responde a una lógica de mercado y no de vida. El neoliberalismo afecta el tejido social, una apreciación visible hoy en los desplazamientos de inmigrantes en las fronteras y la violencia contra pueblos y minorías. En este contexto, el neoliberalismo se presenta como una guerra contra la humanidad, cuyo objetivo es destruir el mundo humano o lo humano, de ahí la necesidad de pensar y reflexionar sobre este modelo y cómo impacta en la comunidad.

El énfasis en "hacer filosófico lo reflexivo", carente de respaldo institucional y sin ser una mera explicación o descripción de lo acontecido, se manifiesta como una pretensión de lucidez. Retomamos el planteo vazferriano de la penetración filosófica que posibilite la elucidación de las realidades contemporáneas, superando los comentarios repetitivos. Este tipo de actividad surge del repensar las sociedades capitalistas, que irradian barbarie, haciendo de la lucidez una exigencia necesaria. Los acontecimientos que muestran el aspecto más deshumanizado de una sociedad no bastan con describirlos. No podemos hacernos la idea de una sociedad deseable cuando se legitima un discurso de libertad mientras, por otro lado, se esclaviza, trafica, tortura, mata, proscribe y desaparece. Todo esto, frente a un Estado democrático-representativo que no ofrece respuestas.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en 1978, narraba la desaparición de la siguiente forma en una nota agregada a Las venas abiertas de América Latina:

Las víctimas desaparecen. Los invisibles ejércitos de la noche realizan la tarea. No hay cadáveres, no hay responsables. Así la matanza -siempre oficiosa, nunca oficial- se realiza con mayor impunidad, y así se irradia con mayor potencia la angustia colectiva. Nadie rinde cuentas, nadie brinda explicaciones. Cada crimen es una dolorosa incertidumbre para los seres cercanos a la víctima y también una advertencia para los demás. El terrorismo de estado se propone paralizar a la población por el miedo. (Galeano, 1996: 467)

Para "hacer filosófico lo reflexivo" sobre cuestiones latinoamericanas, la de-colonización y la memoria son condiciones necesarias. Los grupos y organizaciones, fundamentalmente femeninas al principio, han sido capaces de recuperar y colaborar en la reconstrucción de la memoria colectiva. Esta reconstrucción de acontecimientos, muchos de ellos terribles e indecibles, se desarrolla a través de prácticas que forman parte de nuestras raíces latinoamericanas. Es decir, no se explicitan a través de narrativas cuyas palabras son registradas producto del logos racional europeo, sino que apelan a narrativas que se funden en un hacer donde la palabra no se revela —descriptivamente— ni de manera oral ni escrita. Estos colectivos en toda Latinoamérica consideran que "la vida se teje", y en este proceso, las mujeres, "puntada a puntada, han tejido sus historias en sus territorios". Este recorrido busca aquilatar nuestra reflexión y desentrañar cómo se restituye y reconstruye la memoria desde narrativas diferentes por quienes han sido dañados durante los conflictos, y cómo "repara la memoria de dignidad de las víctimas para reconstruir el tejido social" (Gaviria, 2016). Teresita Gaviria (2016) afirma que "la verdad es la mejor reparación", una afirmación en la que coinciden todos los colectivos.

La memoria se presenta como una urdimbre, similar a los tejidos expuestos en museos como el de Antioquia en Medellín o la Casa de la Memoria. La exposición de "Tejidos de América Latina por la memoria y la vida", organizada por la curadora Isabel González en Colombia y otros lugares de Latinoamérica, muestra este tipo de obras donde la urdimbre es como el esqueleto del tejido. Todas las expositoras tienen en común haber sido víctimas del conflicto armado o de la vulneración de los derechos humanos en sus territorios. Los tejidos por la memoria y la vida se desarrollan sobre tres ejes temáticos: trayectorias de vida; movilización social y vida cotidiana; y las memorias del dolor, la dignidad y la resistencia. Así, cada pieza cuenta historias, emociones y cómo la vida las llevó a presenciar circunstancias duras como masacres, violaciones, trabajo explotado, desaparición forzada, etc.

Estas formas de narrar —desde lo textil, lo corporal o lo territorial— interpelan el modo en que entendemos el presente y desafían los marcos instituidos de la memoria histórica. Apuestan a otras formas de oralidad, acercándose a las posibilidades de todas las personas al aproximarse a su cotidianidad para contar una historia, su historia. Estas prácticas son cada vez más presentes como una forma de desfatalizar lo indecible, apelando a la idea de que nuestra memoria es como las telas e hilos que envuelven, habitan y marcan nuestras vidas sin interrupción. Es decir, que en los hilos y las telas hemos hilado e hilvanado memoria, urdido cosmovisiones, remendado corazones, zurcido saberes, y encontrado emociones. Estas narrativas, que se presentan como lienzos de saberes, además de ser espacios para coser y bordar, son espacios para sanar. Este tipo de prácticas se han desarrollado ante la falta de respuestas de un Estado que ha ignorado las constantes demandas de un pueblo, como es el caso de Uruguay, que se moviliza ininterrumpidamente cada 20 de mayo en la "Marcha del Silencio" desde 1996. Asociaciones como la Magisterial de Salto ya tienen su grupo de tejedoras que, a través de este tipo de narrativas, expondrán sus historias de proscripción, persecución y delación (Muestra: "Retazos de memoria" a 50 años del golpe civil-militar, 28 de septiembre de 2023).

En toda sociedad damnificada por conflictos que derivaron en enfrentamientos y daños colaterales, tras el restablecimiento de los Estados democráticos, surgieron escenarios de disputa entre la memoria oficial, vinculada al propio Estado, y su contraparte, la contra-memoria:

(...) contra-memoria, crítica y rebelde, que a lo largo de las generaciones y aunque sea de manera velada, parcial, encubierta o esporádica, mantiene viva la conciencia popular de que las cosas son como son sólo al precio de haber reprimido y cancelado otras posibilidades de historia y otros caminos de historicidad. Una contra-memoria que nos recuerda que las cosas siempre pueden ser diferentes, y que, si bien los pasados no dominantes han sido vencidos, no fueron completamente eliminados, pues están allí, agazapados, esperando las condiciones de su posible resurrección. (Aguirre, 1998: 49)

Existe una polaridad en la noción de memoria. Por un lado, el Estado se arroga la verdad, presentando un relato oficial –la "memoria oficial"–. Por otro, se encuentra la contra-memoria, la que ha sido silenciada, la de la resistencia, que busca hacerse presente. Sin embargo, también existe una polaridad dentro de la noción de contra-memoria: si bien puede ser pensada desde la resistencia, también puede serlo desde el negacionismo, obstaculizando toda posible reivindicación de la verdad. Un claro ejemplo de esto es la impunidad vigente de los autores materiales e intelectuales de hechos atroces, con la complicidad de los Estados. Este pasado de fractura, con el consentimiento del aparato estatal, despliega diferentes fuerzas y medios que juegan un papel determinante en extender el olvido. Estas memorias, que se presentan como alternativa a los discursos oficiales, provienen de personas inmersas en procesos de lucha, represión y resistencia. La realidad que opera en otros países de Latinoamérica no es idéntica a la uruguaya, aunque existan ciertos lazos de memoria compartida. Todas las organizaciones y asociaciones civiles en Latinoamérica tienen como cometido aspiraciones y proyectos sociales contra el orden opresivo imperante, que generalmente chocan con las dinámicas del poder controlador y represor mediante el uso legítimo y permanente de la violencia a través de las fuerzas públicas.

Existen otros tipos de narrativas además de la urdimbre del tejido, como el relato de memorias a través de metáforas entre el crimen de lesa humanidad y los agujeros negros. Un ejemplo es el podcast del Programa de Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, Colombia (2022), titulado "Un universo como tejido de memoria", que articula el terrible hecho de la desaparición forzada con un fenómeno astronómico como los "agujeros negros". De igual modo, el documental del chileno Patricio Guzmán, "Nostalgia de Luz" (2010), que refiere a un hecho científico como la instalación del primer telescopio de la NASA en Atacama, ha logrado trazar la distribución de esta misteriosa materia en una cuarta parte del cielo a lo largo de 14 millones de años. El cineasta chileno aborda en su obra cuestiones estético-políticas a partir de un procedimiento específico concedido a las imágenes. El documental trata una de sus cuestiones recurrentes, sobre el pasado reciente de Chile, como los efectos de la dictadura de Pinochet a través de sus huellas y marcas. Se unen las disposiciones de las imágenes, o por consecuencia de ellas, buscando investigar el acaecimiento de otras temporalidades que poseen como espacio la geografía material del desierto.

Los recuerdos juegan un papel importante porque revitalizan los vínculos familiares. La muerte y la desaparición no fracturan los lazos, lo que indica que la experiencia afectiva trasciende la materialidad y se sitúa en una dimensión simbólico-afectiva. Por lo tanto, los recuerdos generan dolor porque son disruptivos, imprevistos y violentos.

Blair (2002) afirma que las experiencias traumáticas se integran en las historias como una rendición individual y colectiva, y fortalecen la capacidad de recuperación, por lo que ignorar el pasado agudiza el problema y no reivindica o reinventa los procesos vitales. Villa (2014) reconoce las movilizaciones colectivas y públicas que se han desarrollado en tres regiones de Colombia, porque develan lo que estaba oculto, reconociendo un lugar de dignificación de los seres queridos, representando un llamado a romper la indolencia y la indiferencia social, habilitando caminos para legitimar acciones políticas orientadas a la reivindicación de los derechos civiles.

El recuerdo es sumamente importante en los procesos de elaboración del duelo colectivo, siempre que se gestione en una dimensión compartida y con la recreación del presente en edificación continua, al igual que el pasado. La memoria es la relación que provee de continuidad y admite la proyección de un futuro para considerar las facultades de una modificación (Beristain, 2005; Vázquez, 2001; Villa, 2014).

La relación que Blair (2002) y otros autores mencionados anteriormente describen, lejos de una contraposición, muestra una necesidad mutua que permite su pleno desarrollo. Todorov (1993) estableció que, generalmente, los sujetos afectados al principio nos negamos a aceptar la pérdida, pero nos sobreponemos para luego modificar las representaciones o imágenes, alejándonos de estas y así atenuar el dolor. Destaca el planteo de Barbero (2001), quien expone: "la memoria es una tensión entre recuerdo y olvido, está hecha de una temporalidad inconclusa" (Blair, 2002: 17). En la misma línea, Vázquez (2001) dice: "en mi opinión, la importancia del estudio de la memoria y del olvido sociales reside en su carácter de procesos que contribuyen, definiendo y articulando, el orden social. Vivir en sociedad implica hacer memoria y hacer olvido" (p.26).

La mayoría de los relatos de las víctimas sugieren que el móvil detrás de sus acciones es la necesidad de que los hechos indecibles de violencia que sufrieron sean reconocidos como parte de su historia. Esto se debe a que tales acciones están impulsadas por la búsqueda de la verdad y la reparación. Desde este móvil, el dolor es admitido, pero la indiferencia o inacción no. Por ello, el reconocimiento del dolor y la movilización que realizan las familias víctimas del terrorismo de Estado son los significados fundamentales donde se arraiga la acción con la proyección de un futuro, pero con la consigna de que no hay un futuro posible sin que se haga posible la verdad de lo acontecido.

Las narrativas, los relatos y las acciones se complementan y son esenciales en un contexto donde el lenguaje humano tiene un poder único: sus expresiones no solo describen, sino que también pueden convertirse en acciones y transformar la realidad o el entorno. Así, pueden establecer posibilidades de realidad y significación. Esto se logra cuando las víctimas y sus familiares relatan sus historias, que se visibilizan en las diversas actividades desarrolladas por asociaciones y organizaciones en toda Latinoamérica. Actividades como plantones, marchas, tejidos, y participación en mesas que abordan estas problemáticas, son espacios de acción donde no solo se narran historias personales, sino que se resignifican los eventos y hechos colectivos de los pasados procesos dictatoriales y los conflictos actuales.

Reflexiones Finales

De acuerdo con lo planteado a lo largo del documento, el extenso camino de la memoria en Latinoamérica ha persistido ineludiblemente ligado a una dimensión política, envuelta en una permanente contienda por la apropiación del pasado. Esta contienda se da entre un relato oficial, que pretende reinterpretar el pasado en función de sus intereses, y un relato que se origina desde la resistencia a través de los movimientos sociales generadores de contra-memoria.

Este tipo de contra-memoria surge de los movimientos sociales y armados que fueron reprimidos en toda América Latina, con un fuerte sentido de ética y justicia. Se manifiestan en un vínculo temporal que articula presente-pasado-futuro, dando lugar a identidades de resistencia inter-generacionales consolidadas, con un profundo grado de conexión e intercambio a lo largo de varias décadas.

Estas identidades de lucha y resistencia se apoyan en aspiraciones y proyectos compartidos que han sido truncados por la violencia y la indiferencia de los Estados. Esto ha generado un enjuiciamiento crítico hacia las autoridades estatales y sus valores, al ser el bloque y fundamento de condiciones de dominación. Un claro ejemplo de ello ha sido la admisión y el consentimiento, a través del aparato estatal, de la práctica de la desaparición sin importar fronteras. Desde nuestras raíces surgen narrativas y oralidades que refrescan ciertos hechos históricos y memorias de ruptura. Su carácter esencialmente revisionista las sitúa en un ámbito de reivindicaciones irrenunciables, guiadas por la consigna de "ni perdón, ni olvido".

Toda contra-memoria corre el peligro de perder su filo cuando se transforma en acto oficial o en museo: puede volverse parte de lo que alguna vez quiso cuestionar. Al materializarse en espacios físicos, existe el peligro de que pierda su carácter reivindicador. Cuando se crean espacios de memoria (museos, memoriales, monumentos, exposiciones o archivos), surge la disyuntiva crucial: ¿deben condensar la historia o preservar su esencia combativa?

Actualmente, persiste en los Estados Latinoamericanos la impunidad y las complicidades que colaboraron en tejer un pasado de fractura, con la anuencia de todo el aparato estatal, incluyendo instituciones, además de, medios alineados y funcionales a la hegemonía dominante. Se utilizan medios eficaces con el objetivo de acrecentar el olvido y disipar cualquier sobresalto a su status quo. La existencia de un discurso negador de lo acontecido representa un reto que habilita a los distintos movimientos a trasgredir y romper con la memoria oficial. Impulsar el tiempo del ahora puede afectar esa visión del pasado contrapuesta que ha sido legitimada, por medio de diversas formas de intervenir nuestro presente a través de un sinfín de instrumentos como novelas, actividades manuales, cuentos, obras de teatro, documentales, películas o canciones.

El intento de "hacer filosófico lo reflexivo" sobre la violencia generada por el terrorismo de Estado en Uruguay y en todo el continente latinoamericano nos posiciona y convoca políticamente a mantenernos en línea con ciertos principios. Somos conscientes de que no bastará, y será necesario encontrar y forjar caminos más sensibles para la elaboración de la tragedia, lo que nos desafía en el ámbito político y moral. El paso de las dictaduras por América Latina inscribió marcas no solo en los cuerpos y territorios, sino en las formas en que las personas recuerdan, narran y se vinculan. La memoria, en este sentido, es tan política como afectiva por lo que no se trata de memorias personales que evidencian una realidad interior, sino construcciones sociales que forman parte de la memoria colectiva, las cuales derivan de nuestra propia capacidad de vincularnos correlativamente como objetos y sujetos.

Esta memoria narrada, por sus cualidades performativas (Taylor, 2003), promueve acciones que posibilitan la construcción de procesos sociales de gran complejidad. La memoria no vive encerrada en una sola persona, sino que circula entre quienes comparten historias, heridas y luchas. Por eso, su fuerza está en el hacer con otros. Este trabajo colectivo implica escuchar, respetar y dar valor a las diferentes narrativas de las víctimas y sus familiares, como experiencias de vida contadas desde una dialéctica constructiva e interpretativa, de carácter transformador.

La necesidad de recuperar nuestra memoria colectiva pasa por prestar atención a esas acciones que la hacen presente, relevando la convocatoria que la memoria produce en los colectivos, a partir de la recordación del dolor (Marcha del Silencio). Estos movimientos, al instalarse en la escena pública por medio de marchas, intervenciones, exposiciones, plantones y consignas, expresan el sufrimiento personal y el dolor, y al mismo tiempo, visibilizan la denuncia por la justicia y la verdad (Villa, 2014). Este tipo de manifestaciones públicas reúnen una serie de representaciones para gestionar el duelo. El reconocimiento de un discurso evidencia, por medio de palabras expresadas en relatos, intervenciones y actos conmemorativos, un uso de la memoria colectiva como forma de manejar el dolor (Baquero, 2015).

La reconstrucción social de la memoria a través de las diferentes narrativas y sus efectos en nuestra historia reciente aproxima y visibiliza acontecimientos vividos a una sociedad que se mantuvo indiferente incluso en tiempos de posdictadura. La memoria requiere reconstruirse a través de acciones y decisiones en el escenario público, acciones como las desarrolladas por CRYSOL (asociación de expresos políticos del Uruguay) que, a lo largo y ancho de Uruguay, ha procurado, mediante el desarrollo de actividades, colaborar en la construcción de memoria. Esta asociación se sostiene sobre la base de cuatro pilares: verdad, memoria, justicia y nunca más terrorismo de Estado. Consideran los términos verdad y justicia como formas de reparación y afirman la idea de que no existe una reparación posible si no se conoce la verdad de lo acontecido.

Referencias Bibliográficas

Aguirre Rojas, C. A. Mitos y olvidos en la historia oficial de México, México, Ediciones Quinto Sol, 2003.

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[1] Vaz Ferreira